El sentido de las pequeñas cosas

Cuando me preguntan por qué corro me vienen muchas respuestas a la cabeza.
Corro para mantenerme activa.
Corro para desestresarme.
Corro para disfrutar.
Corro para romper barreras.
Corro para desconectar y reconectar de nuevo.
Corro porque corriendo le doy sentido a mi vida.
Y ese sentido siempre va acompañado de una fuerza interior que se acaba convirtiendo en el sustento de mis pasos. Cada zancada que doy la acompaño con un pensamiento positivo que hace que cada metro recorrido tenga un valor inimaginable. El valor del esfuerzo, de la superación y del sacrificio. Porque en mi vida no entendería el deporte sin estas tres palabras.

Son muchos los años que me he dedicado a la competición de alto nivel, durante 12 años de mi vida estuve en la pomada del patinaje artístico sobre ruedas. A día de hoy lucho para superarme dentro del mundo del triatlón. Y son muchos los momentos, cuando estás al límite, en los que te planteas no seguir, abandonar, tirar la toalla, pero siempre hay una fuerza interior que te lo impide y te obliga a seguir luchando. Pero este sufrimiento, por más que te quieras deshacer de él, siempre está ahí para hacer que éstos momentos se vuelvan mágicos y se queden anclados en nuestra memoria como un bonito recuerdo superación, y que el día en que decidas volver la cabeza hacia atrás te sientas orgulloso del camino que has recorrido. 

Comentarios