Acuatlón de Blanes

6.30h de la mañana, suena el despertador. Como hecho inusual me levanto de la cama de un brinco. Hoy es un día especial, voy a hacer mi primer acuatlón y los nervios se empiezan a hacer notar en el estómago. Apenas hace un mes que empecé a nadar, y cuando digo nadar me refiero a hacer más de seis piscinas seguidas. Pero el primer día que me metí en el agua y salí con 750m a mis espaldas supe que me tenía que apuntar a un acuatlón.



7.30h Salgo de casa dirección Blanes, ya desayunada con mi tradicional desayuno pre-competición: dátiles, plátano y zumo de naranja.


8.15h Llego a Blanes, vislumbro de lejos el arco de meta, la gente, los boxes... El ambiente huele a acuatlón y yo cada vez estoy más nerviosa. Hace frío, mucho frío, la chaquetita que llevo encima del tritraje no me abriga lo suficiente, estamos a 14 grados en pleno mes de agosto. Me dirijo a la carpa para me tatúen el dorsal y seguidamente paso al box a dejar mis cosas.



Nunca he hecho esto, ¿qué he de hacer exactamente? Llevo toda la semana preguntando a amigos que son expertos en esto, pero aun así no las tengo todas conmigo. ¿Me dejaré algo que luego necesitaré? Busco mi silla con el número 141 y dejo mis cosas encima: la toalla, las zapatillas y una botella de agua. ¿Sólo eso?



8.45h Llevo una media hora intentándome mentalizar de que he venido a disfrutar, a hacer mi primer acuatlón, que el tiempo no importa, que los nervios son innecesarios, pero no hay manera. Decido ponerme el gorro y las gafas ya y quitarme la chaqueta. Estoy helada y sufro por cómo estará el agua.
Cojo valor para ir a probar el agua. Tres, dos, uno… para adentro. 


¡Qué sorpresón, el agua está como caldito! Me imaginaba que con el frío que hace fuera la iba a notar un poco más caliente, ¿pero tanto?
8.55h Suena la bocina que da comienzo a la salida de los chicos. Cinco minutos más tarde vamos nosotras. Esto ya está aquí, y por supuesto, no hay vuelta atrás.
Nos empezamos a colocar todas las chicas en la zona de salida. Me posiciono en un lugar prudente para no molestar y para no recibir galletazos gratis. Serán 400m nadando, 2,5km carrera a pie y 400m nadando.



8.59h Un minuto para la salida – anuncia el speaker. Estoy más que nerviosa, me dan ganas de salir corriendo. Quince segundos!  Dejo la mente en blanco y espero.




¡Piiiiiiiiiiiiiiiiip! Suena la bocina, y es mi turno. Ahora sí. ¡Al agua patos!



Me tiro al agua, empiezo a abrirme paso entre la gente, pero esto es la guerra, me llueven palos por todos los lados. Decido posicionarme hacia la derecha, prefiero nadar un poco más pero no sentirme tan agobiada. Sigo nadando, son 400m lo que me esperan. Voy cómoda, cada vez más cómoda. Nado, nado, nado. Veo que voy avanzando posiciones y eso me reconforta. Voy levantando la cabeza de vez en cuando para tener controladas las boyas e intentar no desviarme. Me acuerdo que con los nervios de la salida se me ha olvidado poner en crono, pero eso ya no importa, empiezo a ver que me acerco a la orilla, y vuelven esos nervios iniciales.

Salgo del agua fugaz y me dirijo a boxes. 






Busco mi número de dorsal, donde se encuentra la caja con mis pertenencias. Me quito el gorro y las gafas, me pongo corriendo las zapatillas y arranco a correr.




Estoy ya en el sector run , son tan sólo dos kilómetros y medio de carrera a pie, pero esto de mezclar disciplinas pasa factura. El sol ya ha salido y empieza a picar. Sigo corriendo, reconozco que cada zancada que doy me pesa más. No miro el reloj porqué tampoco me importan el tiempo, quiero disfrutarlo y acabarlo con satisfacción.




Último tramo corriendo, estoy ya en la recta del paseo llegando a boxes y empiezo a recordar los consejos que me han ido dando a lo largo de los días. Tengo muy presente uno de ellos, “no entres al agua acelerada”, y lo intento cumplir. Voy aminorando la velocidad y respirando hondo para desacelerarme, aun así no lo consigo, la transición es demasiado corta para bajar pulsaciones. 



Me quito volada las zapatillas y me coloco de nuevo el gorro y las gafas y me dirijo al agua.



Me tiro de cabeza y empiezo a nadar. Me cuesta respirar por la aceleración que llevo, pero poco a poco la voy controlando hasta que vuelvo a sentirme cómoda. Ya estoy en el último sector, solo me queda disfrutar de la experiencia. El mar está más revuelto que antes, algunas olas me impiden ver con claridad las boyas. A pesar de ello sigo nadando sin problemas, y adelantando a algunos que me habían sacado ventaja en el sector run.

Ya veo el arco de meta, esto ya está aquí. Estoy a punto de finalizar mi primer acuatlón. Sigo nadando. Nado, nado, nado. Y llego. Me incorporo para ponerme de pie y salir del agua, lo estoy consiguiendo. Últimos metros corriendo… y cruzo el arco de meta!




Soy finisher de mi primer acuatlón! He disfrutado y me he superado un poquito más. 



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